🏙️🌊 De pueblo pesquero a ciudad vertical: cómo Benidorm se convirtió en un ícono del urbanismo turístico
Benidorm pasó de ser un pueblo pesquero a una ciudad vertical única en el mundo, con más de 80 rascacielos y un modelo urbano que marcó al turismo inmobiliario global.

Benidorm es hoy uno de los casos más singulares del urbanismo mundial. Con poco más de 74.000 habitantes y ubicada a orillas del Mediterráneo, esta ciudad de la provincia de Alicante pasó de ser un pequeño pueblo de pescadores a convertirse en la segunda ciudad del mundo con más rascacielos por habitante, solo detrás de Nueva York.
Más de 80 edificios superan los 100 metros de altura, un fenómeno que le valió el apodo de “Beniyork” y que la transformó en un laboratorio urbano único, estudiado por arquitectos y urbanistas de todo el mundo 🏗️.
El origen: turismo, necesidad económica y visión política
En los años 50, Benidorm era un enclave costero de apenas 3.500 habitantes, con una economía basada casi exclusivamente en la pesca. España atravesaba una profunda crisis tras la Guerra Civil y el aislamiento internacional del régimen de Francisco Franco.
En ese contexto, el turismo apareció como una fuente clave de divisas. El régimen buscaba proyectar una imagen de apertura hacia el exterior, y el sol, la playa y los bajos costos convirtieron a la costa mediterránea en un imán para turistas del norte de Europa.
El bikini que cambió la historia
El gran impulsor del cambio fue el entonces alcalde Pedro Zaragoza, quien entendió que el futuro de Benidorm estaba ligado al turismo de masas. Su decisión más disruptiva para la época fue permitir el uso del bikini en las playas, algo impensado en la España franquista.
La medida, resistida por sectores conservadores y la Iglesia, convirtió a Benidorm en el primer lugar de España donde se aceptó este traje de baño. El mensaje era claro: si la ciudad quería atraer turistas extranjeros, debía adaptarse a sus costumbres.
Planificación urbana antes que expansión descontrolada
Lejos de crecer de manera improvisada, Benidorm apostó desde los años 60 por un plan urbanístico integral. Con solo 38 km² de superficie, se decidió proteger el 61% del suelo, destinado a espacios verdes, áreas agrícolas y zonas forestales.
El modelo priorizó la densidad vertical antes que la expansión horizontal, una decisión clave para su desarrollo inmobiliario. Esta planificación temprana es considerada uno de los primeros planes generales de ordenación urbana aplicados en un destino turístico.
La llegada de los rascacielos
El punto de inflexión llegó en 1966 con la inauguración del edificio Coblanca 1, el primer rascacielos de la ciudad, con 30 plantas. Desde entonces, la fisonomía urbana cambió para siempre.
En aquella época, las torres eran vistas como símbolos de modernidad y progreso. Con poco suelo disponible y rodeada de montañas, la ciudad encontró en la altura la solución para alojar a miles de turistas sin consumir territorio.
El aeropuerto y el boom inmobiliario turístico
La inauguración del aeropuerto de Alicante en 1967 consolidó el modelo. Las agencias de turismo, especialmente británicas, comenzaron a financiar hoteles y grandes desarrollos para satisfacer la creciente demanda.
Hoy, Benidorm cuenta con 142 hoteles y más de 90.000 camas, una infraestructura que sostiene un flujo turístico constante durante todo el año, no solo en verano.
Una ciudad densa, caminable y eficiente
Pese a su verticalidad, el diseño urbano tuvo en cuenta factores clave como la orientación al sol, las vistas al mar y la movilidad. Los edificios no se proyectan sombra entre sí y el esquema urbano favorece los desplazamientos a pie 🚶.
Esta planificación le valió reconocimientos internacionales, como el de “Pionero Verde Europeo del Turismo Inteligente 2025”, otorgado por la Comisión Europea.
El costo del éxito: vivienda y sostenibilidad
Durante los picos de temporada, Benidorm puede albergar hasta 400.000 personas, una cifra muy superior a su población estable. Esta presión impacta en los servicios públicos y en el mercado inmobiliario.
El encarecimiento de la vivienda y el aumento del alquiler han desplazado a parte de la población local hacia municipios cercanos, una problemática común en las ciudades turísticas de España.
¿Un modelo replicable?
Si bien muchos expertos consideran a Benidorm un ejemplo de eficiencia urbana, otros advierten sobre su alta dependencia del turismo. Sin diversificación económica, el modelo resulta frágil frente a crisis globales.
La pregunta sigue abierta: ¿cómo será Benidorm dentro de 30 años y hasta dónde puede crecer sin comprometer su equilibrio urbano?
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